sábado, 20 de octubre de 2007

RESPIRACIÓN ARTIFICIAL.

En un escenario distinto de mi vida, tal vez, intentaría diálogos feroces con la tristeza, la impotencia, la frustración. En otro contexto, la dramaturgia de mi vida sería francamente insoportable, embrutecedora, doliente (sí, todavía más... aún es posible). No hay nada peor que la soledad escogida, que el aislamiento culpable de los que, simplemente, no se dejan ver. Sólo eso es peor que un ciego que no quiere mirar.
Yo observo a mi alrededor, y no entiendo bien lo que pasa. Soy un sobreviviente, un vigía, un veterano de guerras pasadas que, de algún modo, murió en ellas. El error de cálculo de un avión genocida. La torre que inexplicablemente quedó en pie, mientras avista el desplome de su gemela.
Por ello - sólo por ello -, se me trata con respeto. Se me adula y malcría. Se me rinden homenajes. Y cuando ocurre - lo confieso con verguenza -, siento la tentación de creer que, en efecto, me los merezco. Pero, bendita sea la lucidez, pues, siempre a tiempo, caigo en cuenta de la verdad... esa que afila la navaja podadora de la complacencia y aploma mis zapatos.
Insisto: en una etapa diversa de mi vida, mi lenguaje intentaría rebelarse contra el eufemismo, y ser tan directo y mortal como un arpón en el corazón. Procuraría estrujar la vida hasta que pariera, dolorosamente, un sueño (hecho realidad, por cierto, para que valiera la pena). Hoy, simplemente me conformo con el absurdo... con el sosiego de la razón malherida por tanta incertidumbre... sufriente de alegría... borracha de lucidez.
Hoy en día, lo confieso, me gusta vivir mi vida, sólo porque no esperé jamás vivirla. Tal vez - y digo sólo tal vez -, disfruto la vida, precisamente, porque estoy medio muerto.

1 Comentarios:

Blogger la crisantema dijo...

es sólo cuestión de óptica, me gustaba más cuando estabas medio vivo

cariños

24 de octubre de 2007, 18:14  

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